lunes, 20 de enero de 2014

In utero - Capítulo III


Capítulo III

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Es curiosa la forma en que la vida te forma, y en el trabalenguas de esa idea radica algo imperecedero. Todos crecemos creyendo que estamos en el mejor momento de nuestra vida, hasta que la comprensión nos alcanza y ahí nos abruma la humildad más visceral, porque no somos tan astutos, ni tan valientes, ni tan sabios o inteligentes como creíamos. En el camino vamos descubriendo que vivimos en compañía de más personas, muchas de ellas con grandes habilidades que jamás igualaremos y es entonces cuando comenzamos a encontrar nuestro propio lugar en el pixel que ocuparemos en la historia… en ese momento nos conformamos con la vida, sin que conformarnos signifique dejar caer los brazos, en este caso conformarse es formar parte de, y hay una hermosa metáfora en formar parte de la vida.

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Acababa de levantarme y llenaba mi taza con café, la primera y necesaria bebida de cada día para mí. Tom permanecía sentado en uno de los taburetes que teníamos junto a la isla de cocina y que nos servía para desayunar, comer y hasta cenar si nos tocaba la cena en casa; jamás utilizábamos la mesa del comedor, a veces me preguntaba para qué queríamos una casa que tuviera todo lo necesario, si lo necesario se usaba tan poco.

—¿Sabías que existe algo llamado turismo de parto? —me preguntó, revisando su portátil.

—¿Qué? —me di la vuelta y lo miré. Me parecía insólito que estuviese mirando noticias sobre partos.

—Eso, que hay algo que llaman turismo de parto —continuó, leyendo muy interesado.

—Pero qué estás leyendo —pregunté, acercándome a él con mi taza— ¿Por qué lees sobre partos?

—Por qué será —me espetó, como si yo no entendiera lo evidente.

—Es un asunto mío, Tom —bebí de mi café y me percaté de que había olvidado ponerle azúcar e hice un gesto que mi hermano interpretó como molestia.

—Tú no te preocupas por nada, no te he visto revisar ni una página sobre ser padre, ni preocuparte de qué habitación habilitaremos para el niño, y menos aún saber quién será la madre ¿Asistirás al parto? ¿Verás nacer a tu hijo? —me dejó caer una serie de reclamos, sobre los que no dejaba de tener razón.

—Para, Tom, no me agobies —quise calmarlo.

—¿Qué no te agobie? —preguntó, mirándome directamente— Tu vida va a cambiar, y por añadidura la mía, alguien tiene que agobiarte.

—Todavía no sé si han podido comenzar con el proceso ¿Para qué me voy a preocupar aún? —le expliqué.

—Mira, tenemos cuatro perros que cuando quieres estar tranquilo deciden que quieren pasear, o jugar, o que tienen hambre y eso te fastidia, no lo niegues —me instó. Suspiré.

—¿Cuántos cafés llevas? —me parecía que mi hermano estaba demasiado animado para ser las doce de la madrugada.

—Contesta —insistió.

—Sí, me fastidian, pero también me hacen reír y son una ternura —bebí un poco más de café.

—¿Y qué harás cuando un niño te exija cinco veces más que los chicos? —preguntó.

—Contrataré a una niñera —sonreí.

—¡Bah! —espetó— Muy bonito, para eso quieres un hijo, para que te lo críe otra persona.

—Tom, es muy temprano para esto, de verdad —me quejé suavemente, con toda la energía que poseía— Cuando me llamen del centro me preocuparé por todo eso, lo prometo —me acerqué a la cafetera para rellenar la taza.

En ese momento ambos escuchamos la melodía de un móvil. Miré a Tom rápidamente.

—¡Es el tuyo! —levantó las manos como quién evita enredarse en algo.

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Los Angeles apenas comenzaba a despertar y yo ya llevaba en la oficina dos horas. Había dado el visto bueno al material que quería investigar una de las recién egresadas que hacía sus prácticas con nosotros, había corregido dos artículos para el suplemento del fin de semana, rechazando ambos y había intentado, sin éxito, encontrar la mejor forma de traducir un texto del japonés sin tener que pagar a un traductor. El café de la mañana me lo había saltado y aún meditaba en qué otra bebida podría reemplazarlo de ahora en adelante. Trabajar en un periódico de actualidad era complicado, más aún cuando tenías a cargo el segmento político. Había que sacar noticias de debajo de las piedras, si éstas no se producían solas, pero las páginas tenían que estar completas al final del día o de lo contrario mi trabajo era un fracaso, y todos sabemos a dónde nos lleva el fracaso en un mundo tan competitivo.

Aunque todo eso era secundario en este momento. El día anterior, de regreso a casa, había pasado a una farmacia y me había llevado una prueba de embarazo. En ese momento no estaba segura de sí diez días era tiempo suficiente como para obtener un resultado, aunque la caja decía que sí, pero la ansiedad me estaba matando. En cuanto sonó la alarma por la mañana lo primero que vi sobre la mesilla de noche fue la caja azul. Me levanté y me fui directo al baño para salir de dudas.

—Joan —se dirigió a mí una de las chicas en práctica. No esperaba verla hasta que terminara con el trabajo que le había encomendado y me parecía que eso no era posible aún—, finalmente ¿Amplio para hoy el asunto del déficit fiscal para la construcción de carreteras o el cambio de concejales?

La miré atentamente, tenía veintidós años, si lo pensaba fríamente no eran tantos menos que los que tenía yo, pero qué lejos me parecía estar de ella, ahora mismo me sentía como si tuviese medio siglo de diferencia.

—Ambas —le repetí con calma, era exactamente lo que le había dicho hacía quince minutos cuando se había marchado.

Su expresión la delató de inmediato, probablemente lo que le pedía echaría por tierra su plan de hacer media jornada el día de hoy.

—Ok —dijo, dándose la vuelta para dejar tras de sí una estela de indignación.

Volví a la pantalla de mi computador para repasar el orden de los artículos de mañana. Aún tenía demasiados espacios en blanco. Necesitaba un café doble para compensar de alguna manera la cafeína que no había consumido al levantarme y tener energía para seguir presionando a los encargados de los artículos. También debía buscar un traductor de japonés.   Suspiré con resignación. Sabía que el café no podría tomarlo ni ahora, ni en muchos meses más ¿Podría seguir con las clases de Yoga? Sabía que había yoga para embarazadas, pero aún no averiguaba a partir de cuándo se podía practicar. Y las caminatas de fin de semana por la playa ¿Podría seguir con ellas?

Tenía muchas preguntas que hacerle a mi médico, esa misma tarde llamaría pidiendo una cita.

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Conducía en dirección al centro. Me habían citado para informarme sobre el estado de mi solicitud y era inevitable pensar en qué sentiría cuando me dijeran que todo marchaba bien y que dentro de unos nueve meses incorporaría a mi vida a otro ser humano. Había una especie de egoísmo en sentir que alguien dependerá de ti para todo, un deseo oculto de ser indispensable y que tiene directa relación con la soledad. Me negaba a ese sentimiento, pero lo experimentaba con la misma fuerza con la que se experimenta la desesperación. No quería detenerme en él porque sabía que si lo hacía se convertiría en algo real. Quise volver a mi pensamiento inicial, al momento en el que me contaran que todo había salido bien, porque quería ser optimista y no tenía considerada una segunda visita a aquella habitación claustrofóbica ¿Me emocionaría? ¿Me pondría nervioso? ¿Sería indiferente?

Conociéndome, lo más seguro es que sonreiría y esperaría a poder conocer a la madre sustituta para comenzar a cuidar a ese bebé desde el vientre; había pagado para tener a ese hijo, así que tenía derecho a compartir cada paso de su gestación; ver su primera ecografía, saber en las condiciones en las que vivía la madre, cuidar de su alimentación, de las vitaminas que debía tomar; no podía dejar detalles sin vigilar.

Comenzó a sonar mi teléfono poco antes de llegar al centro. Le di a responder y la voz de Tom llenó todo el vehículo. Su única palabra en tono de pregunta me hizo sonreír, parecía más ansioso que yo, aunque la ansiedad yo la mantenía a raya.

—¿Y?

—Aún no llego, Tom —me reí de él abiertamente—. Cualquiera pensaría que tienes más interés que yo en esto.

—Es para que no te sientas solo, hermanito.

—En ese caso deberías haber venido conmigo.

—¿Y aburrirme como el otro día? No, gracias, paso —se rió— Aún no sé cómo puedes tardarte tanto en hacerte una paja.

—Ya, déjame en paz con el temita ese —exigí, del mismo modo que había exigido varias veces desde el día de la muestra. Tom aún se reía a costa mía por lo mucho que me había tardado, y eso sin conocer los detalles más vergonzosos.

—Bueno, lo dejo, pero sólo porque estás conduciendo —aceptó.

—Gracias, muy considerado de tu parte —estaba entrando en el estacionamiento del centro.

—Me preocupo por tu bienestar, aunque no lo creas… y por tu bolsillo, que las multas son muy altas —volvió a reír, parecía estar de buen humor.

—Te dejo, voy a estacionar —le avisé. Tom no alcanzó a responderme— ¡Pero qué mier..! —frené bruscamente, dejando la exclamación en el aire.

—¡Qué pasa!

—Un loco que me ha quitado el sitio para estacionar —me quejé—. No lo entiendo, hay más sitios libres.

—Ignóralo, ahora preocúpate de tu cita, que llegarás tarde — me advirtió.

—No pensaba pelearme con él —dije, mirando por el espejo retrovisor hacia aquel coche, comprobando que era una mujer, y además esa mujer, la desagradable mujer de la cafetería—. Te llamo al salir —corté.

Estacioné y me bajé. Me quedé junto al auto, mirándola adentrarse en el centro. En ese momento supe de qué me sonaba su rostro, era la misma mujer solitaria que estaba en la sala de espera días atrás.

—No me extraña que esté sola —expresé en voz alta.

Caminé tras sus pasos, manteniendo una distancia amplia para no tener que esperar junto a ella en recepción. El tac-tac de sus tacones al andar llamó mi atención y observé las sandalias que llevaba a juego con el color de su falda, sujetas a los tobillos por una fina correa. Tenía un pésimo carácter, pero muy buen gusto para los zapatos. Cuando me descubrí con ese pensamiento, miré en otra dirección. Ralenticé el paso antes de llegar a la sala de espera y sólo cuando ella se alejó acompañada de una enfermera, me acerqué para avisar de mi llegada.

—Sí, señor Kaulitz, lo están esperando en la sala de reuniones —dijo la recepcionista—, por aquí —me indicó que la siguiera.

Me llevó hasta el final del pasillo por el que días atrás había entrado. Abrió un lado de una puerta doble y me dejó entrar. Me encontré en la sala con una mesa de reuniones, un gran ventanal al fondo, que permitía ver un amplio jardín, y un hombre impecablemente trajeado. Me resultó una situación extraña, ya que esperaba tener una cita con algún médico.

 —Pase señor Kaulitz, tome asiento por favor —dijo el hombre.

—Buenas tardes. Esperaba una cita de otro tipo—comenté, sentándome.

—Soy Bernard Crabbs, encargado de la parte administrativa de este centro —se presentó —. No quiero incomodarlo, pero tenemos un tema importante que tratar —se explicó.

—Usted dirá —apoyé la espalda en el asiento y crucé los brazos, defendiéndome de cualquier cosa que tuviese que decirme.

—Bien —miró unos documentos que tenía sobre la mesa—. Usted se ha sometido a un procedimiento de fertilización asistida para ser padre soltero.

—Sí.

—El procedimiento consistía en utilizar el vientre de una madre sustituta que usted había aprobado previamente —el hombre hablaba con calma, pero no parecía una calma natural, era una especie de calma aprendida para los momentos difíciles.

—Sí.

—Bueno, señor Kaulitz —en ese momento me miró, para volver otra vez a los papeles que tenía en las manos—, el proceso se ha efectuado con un éxito parcial.

—¿Éxito parcial? —pregunté, sin comprender a qué se refería.

—Sí —me miró directamente—. Me gustaría que considerara que debido a la seriedad que avala este centro, la información que le daré no ha sido manipulada en nuestro beneficio —me puse tensó ¿Qué era lo peor que podía haber pasado? ¿Qué mi muestra no fuese viable? ¿Qué fuese estéril?

—Lo consideraré.

—Su muestra fue mal clasificada y fue a parar al banco de donantes —comenzó a explicarme, evaluando mi reacción, yo estaba acostumbrado a mantener mis expresiones ilegibles—, pero  el problema principal no es ese; su muestra fue implantada en una paciente que buscaba una fertilización asistida igual que usted.

—¿Cómo? —pregunté, dándole la oportunidad al hombre de rectificar lo que acababa de decirme.

—Lamentamos enormemente este inconveniente y estamos dispuestos a reiniciar el procedimiento con el mayor resguardo —continuó hablando. En ese momento no supe qué pensar.

—Lo siento —dije, poniéndome en pie para salir—. No puedo seguir hablando del tema sin una asesoría.

—Lo comprendo.

—Oh, no, dudo mucho que lo comprenda —le solté. Notaba el estómago revuelto y la sensación de catástrofe recorriéndome los huesos ¿Qué había por ahí alguien con mi bebé en su vientre creyendo que era suyo?

Había tomado una decisión que parecía simplificar mi vida en muchos aspectos, pero se estaba convirtiendo en un enorme problema ¿Podía ser peor? Me pregunté, abriendo la puerta para salir.

—Y esa paciente ¿Qué ha dicho? —pregunté antes de salir.

—Otra persona está hablando con ella para informarle del tema —me explicó.

—Quiero conocerla —exigí.

—Lo intentaremos.

—No. Lo exijo —le dije, dispuesto a irme, dejando la última palabra en el aire.

Se abrió otra puerta de golpe a varios metros de donde me encontraba.

—¡Desde luego que sabrán de mí! —escuché, antes de ver a aquella mujer de la cafetería, saliendo disparada por el pasillo, con el tac-tac apresurado de sus tacones rompiendo el silencio.

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Continuará
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N/A
El tac-tac de los tacones no augura un camino fácil para Bill… Me encanta!!!

Este capítulo ha sido concebido en dos pc’s, me resulta curioso dado el tema de la historia… jejejeje

Espero que les guste y que me dejen sus comentarios.

Siempre en amor

Anyara

11 comentarios:

  1. Ahora como que si... en fin... hola any pues sabes que siempre he adorado la relacion de hermanos de estos dos soles... la verdad me parece lindo y creo que de ser real todo esto seria asi jajaja tom buscando todo... quiere ser un super tio y Bill bien calmadito XD esperando la noticia para comenzar a preocuparse realmente... la verdad no la tendra nada facil con ese tac tac de tacones... se ve que es una mujer que se vale por si sola, segura y de un caracter fuerte... Pobre Bill jejejeje espero la conti me ha encantado es genial... leo, rio y comento jejeje en ese orden... auqnue los dos primeros pasos van de la mano...

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  2. COMENTARIO... Oh, por Dios!!! No puede estar pasando esto!!! Yo lo sabía... sabía que algo iban a tener que ver esos dos... aunque no imaginaba semejante catástrofe... Pobre Bill!!!! Rayos... no me ha causado nada de gracia...

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  3. Muero por saber cómo continuará este lío... No creas que no me gusta, eh? Por favor... Me encanta.

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  4. Mi Anya preciosa...jajajaja me encanta que una pareja empiece asi le hace a la historia mas interesante jejejejej me ha encantado el capitulo y con ansias de que llegue el siguiente!!! besos

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  5. jajajajajaja me he reído muchísimo y pensar que la enfermera nueva causaría la catástrofe, es curioso que las cosas se pusieran color de hormiga, ya quiero saber que pasara, un abrazo

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  6. Jajajaja!!! He reido mucho con este cap creo que la relacion de Hermanos realmente es asi... Tom super tierno y tratando de ser el mejor tio... pobre enfermera nueva imagino que no duro mucho en el centro jejejeje...
    Ya empezamos a atar cabos ella es una mujer muy independiente y capaz se nota y Bill controlador y perfeccionista q pareja para mas explosiva!!! Sera que llegan a un acuerdo?? Jejejeje.... sera muy muy emocionante continuar la historia!!

    Pd: besitos y abrazos muy muy apachurrantes. Te quiero <3

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  7. Aaaayyy noooo pobre Bill, q pesadilla....casi podia ver su rostro perplejo escuchando las explicaciones sobre su "exito parcial", xD...jeee jee jeeeeee y lo q le falta cuando se enfrente a la madre....por eso sera un gran enfrentamiento *se emocina al imaginarlo*....ojala lleve zapatos bonitos ese dia....jeeeee jeee jeeeeee

    Me encanta como describes a Tom en esta historia, me parece q justo así acturía con su pequeño hermano ante una situación tan importante.

    Mi Any esto te está saliendo genial *__*, Muuaaakkk

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  8. ¡Zaz! Golpe bajo para ambos. La situación está dada, ¿qué le tocará vivir a cada uno? Interesante trama, la concepción asistida no puede manejarse exclusivamente por medios legales, mucho menos económicos. Es un asunto de ética (bioética). Uno realmente no tiene idea de con qué calidad ética manejan estos "accidentes"...

    Supongo que tienes la historia armada, ojalá y que abarcara todos los meses de embarazo :) Mil Gracias!!!

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  9. Còmo està ud. señora? Lei los tres capìtulos juntos y la situaciòn tan bien narrada, dialogada y descripta en la que introdujo a los jòvenes Kaulitz y a la señorita periodista me resulta sumamene atractiva. Es mi deseo poder seguirla en adelante si no es molestia para ud. Saludos Kâtzchen

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  10. Dios mío, qué situación jajajajaja Bill queriendo ser padre sin mujeres y justo fue a inseminar a alguien que quería lo mismo sin hombres jajajajajaja ambos podrían arruinar a la clínica con la petición de sendas indemnizaciones multimillonarias jajaja pero creo que el lindo Cupido en su más bonita forma de niño inocente va a arreglar de forma drástica este enredo...jajaja qué forma tan poco convencional de fundarse una familia y sobre todo qué complicados somos los seres humanos desde que hemos desprovisto a la sexualidad de su componente natural y la hemos convertido en algo cultural...veremos las consecuencias de los "efectos colaterales" de la ayuda de la ciencia :D ya sbes mi any que me ronda por la cabecita un oneshot q tiene cierto remoto parecido con el entorno de este fic pero con uan tamñatica y desenvolvimiento mucho más trágicos ;-; por eso esta historia mucho más "desenfadada" me ha encantado ♥

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